Del tiempo del asco

La Colorina sobre el financiamiento a la cultura y Chile como el falso país de los poetas 



Por Juana Balcázar - 2026 

Stella Díaz Varín, 1966. 


Taller Editorial Me pego un tiro, de La Serena, publicó el 2024 un breve archivo con cinco entrevistas hechas por diferentes periodistas y escritores a Stella Díaz Varín entre 1991 y 1999, algunas reeditadas y publicadas luego de su muerte en 2006. En este apunte para Revista Larus, tomamos extractos de estas entrevistas construyendo una sola voz, que es la voz de la Colorina, cuestionando nuestro ahora. 



Estuvo enferma. Cuando se recuperó, siguió escribiendo, en otro tono. Pero no dejó de ser rebelde. Se hacía respetar como fuera, a veces a puñete limpio. (De aquí comenzó a derivar su leyenda). Se imponía a trancas y barrancas. Escribía en el día y en las madrugadas, antes de comprar las verduras para el almuerzo y después de armar la cazuela, mientras ignoraba cada día qué o si se iba a comer al día siguiente. Vivió de nuevo un tiempo de grandes esperanzas con Salvador Allende y la Unidad Popular. Después vino el golpe militar y el tiempo del asco.1  


Bueno, y en Santiago, el año 49, publicaste “Razón de mi ser” y tuvo mucho éxito…

Se agotó


Y cuatro años después publicaste “Sinfonía del hombre fósil”


Resulta que el año 49 estaba en vías de nacer mi hijo y el año 50 nació mi hijo y me casé.  Tuve mi hijo y publiqué el 53 “Sinfonía del hombre fósil”, en el sentido del hombre pétreo, del hombre arcaico, del hombre olvidado, del hombre único y miserable. En realidad eso era.


¿Y qué pasó con este libro?


Se agotó también…Luego, el año 59 me editó el grupo Fuego “Tiempo, medida imaginaria”. Un libro bien atormentado, bien terrible, con una visión de la vida y de las cosas tal vez bastante individualista; un poco desencantada, si pudiera decirse.


Desde entonces no publicaste más.


Seguí escribiendo de otro modo; estuve un tiempo enferma, tuve una úlcera y lo pasé muy mal como tres años. Me recuperé un poco y seguí escribiendo pero con una visión completamente diferente de todo lo que era la vida cotidiana. 




¿Qué es un escritor?, ¿qué es un poema?, ¿qué es la poesía? Es una forma de vida, te diría yo, y nunca dejé de pensar que era una forma de vida. 



 

¿Por qué?


Porque para mí hubo un quiebre, un quiebre emocional. Se quebró toda mi vida, y consideré que todo lo que había escrito no tenía ninguna importancia, ninguna validez, que yo tenía que volver sobre mí misma y reflexionar. Fueron años de romper cosas y ahora me arrepiento porque destruí cosas que eran valiosas desde el punto de vista literario, y no poético sino literario. Hasta que dejé de romper cosas y empecé a retomar la cosa de guardar ¿ya?


Pero ya sin intenciones de publicar…


Sin intenciones de publicar nada. Después de eso vino la cosa política que me agarró fuerte. Me absorbió total y absolutamente. 


¿Por qué tanto?


Consideraba que entre escribir —que era para mí la razón de vivir— y la política no había ninguna diferencia. Para mí era tan vital y tan necesario trabajar por una causa que escribir.  Y le dediqué todo mi tiempo. Y sigo creyendo, porque verdaderamente creo en el hombre. Pero, ¿cómo creo en el hombre? Yo no creo en el hombre como un ente transgredido, yo no creo en el hombre como un ente asociado a circunstancias, ¿me puedes entender? Yo creo en el hombre con una tremenda libertad para pensar y para actuar. Desgraciadamente, si tú crees en el hombre de ese modo caes en el individualismo más absoluto…  


¿Tú sigues siendo socialista?


Soy socialista eminentemente convencida de ser socialista. Soy socialista sin apellido, pero corriendo ese riesgo.


¿Qué opinas de lo que pasa hoy en la política, en los socialistas, en el gobierno?


¿Quieres que te responda?, ¿lo vas a publicar?


Quiero que me respondas


…Es deplorable.



¿Tú crees que la época del asco se acabó?

No, aquí la tengo, a la altura del esternón, tengo la época del asco. Yo pensé que la había vomitado y no… 






¿Qué opinas del feminismo en la poesía?


¡Lo mismo! Me parece absurdo. No hay poesía de mujeres y poesía de hombres; tampoco hay poesía de travestis ni poesía de homosexuales ni de lesbianas. Hay una poesía. Si el ser humano se quiere manifestar prácticamente, que se manifieste y en buena hora, sea mujer, hombre o en los deslindes…


Sí y no, porque forma parte de tu vida.


Bien claro, porque yo creo que el poeta no está dentro de una burbuja. El poeta es alguien que vive, siente, come, defeca y todo eso. Yo creo que de eso deberíamos preocuparnos un poco, de que el poeta deje de ser una especie de ser mítico, alado, y peregrino. El poeta es un ser humano con familia, con necesidades biológicas y con necesidades de todo tipo, al que nadie le da boleto en este país.



Este país, aunque sea de poetas como se dice, es un país que se muere de la risa de sus poetas, hasta que no están en la fama y en la cúspide, que no se las da el país propiamente tal. 





¿Qué crees tú? A ver, echemos una mirada a lo que pasa con las editoriales, con el libro, con el IVA…


A mí me parece una cosa increíble, me parece una cosa insoportable, me parece una ridiculez (...) Entonces, tú me preguntas ¿Qué hace este país por sus poetas? ¿Qué hace la autoridad elegida o no elegida o nominada, por su cultura? Yo de repente veo gente, burócratas, que se pasean por el mundo entero gastando millones de dólares, y encuentro poetas que están muertos de hambre en sus poblaciones, donde nadie los infla.


 

No creo en una poesía subvencionada, nuncamente, yo no creo en eso, pero por lo menos me gustaría que el hombre creador tuviera una base y una mínima seguridad de vida para que pudiera seguir creando.





¿Cómo crees que se podría conseguir esa mínima seguridad de vida?


Eso debería venir de la industria privada.


Tú eres una socialista neoliberal…


¡No señor! Lo que pasa es que ya se ve que el gobierno no va a venir. Digo de la industria privada para que paguen los poderosos y los analfabetas. Que paguen estos analfabetas para que otros no sean como ellos. A eso me refiero.


Y eso ¿Depende de la buena voluntad de la industria privada?


No. Debe haber un decreto. Que la industria privada tenga un ítem, que unos pocos dólares los dedique a la cultura, como una obligación, a eso me refiero. No soy una socialista neolibreal, usted está muy equivocado. Al contrario, estoy vengándome de esos gallos que han profitado del esfuerzo, del trabajo de todo un país para hacerse riquísimos. Que paguen en parte toda esta canallada y le den a la gente cultura, no solamente pan, no solamente un plato de comida de vez en cuando. Y que el Gobierno haga lo suyo, que avale esto. Pero el Gobierno no lo va a hacer, no lo va a hacer…


¿Cuál es tu visión de la literatura chilena de los últimos años, del tiempo del asco y ahora último?


Antes que nada yo pienso que la literatura es algo atemporal. Tú no puedes culpar a un régimen de despotismo por un acallamiento de la cultura. El hombre siempre va a estar creando, callado la boca, pero creando (...) Pero resulta que yo creo en las élites, aunque me llames a mí como quieras llamarme, yo creo en una élite poética, yo creo que el poeta es poeta y no un aprendiz de poeta. Yo creo que un escritor es un escritor y no un señor o una señora que quiere serlo por haber vivido situaciones cúlmines.


¿Cuál es tu forma de trabajar? ¿A qué hora? ¿Cómo?


A la pata la llana, por trancas y barrancas, agregando madrugadas a la madrugada; antes y después de cocinar, entre sueños y sueños; en fin, a como dé lugar. Amparada por el silencio y la sonrisa de los niños que me habitan; entre esto y el aquello unamuniano, entre la agonía y el éxtasis; entre una mañana desoladora casi siempre y una serenidad que voy domesticando hacia el final de la jornada. Porque, si no lo sabes, las mujeres de la casa agregamos arrugas atemporales a las normales con sólo atisbar la maravillosa y espantable incógnita del día siguiente. Y en estos tiempos no hay encuesta valedera que te responda sobre el porvenir ¿ya?... 2



Stella junto a persona no identificada, 1966.

Cómo mueren los poetas


Yo no sé para qué sobrevive uno. Para ver cómo se mueren los poetas emergentes, muertos de hambre, o cómo se mueren los poetas viejos, también muertos de hambre. En este país pasan las cosas más espantosas y pasan cosas como de brujos (...) Y veo también a todos los poetas que se pudren en la más espantosa indefensión en este país de mierda... Y no me cuenten historias chinas a mí, ni me digan cosas. He visto por último a los poetas emergentes suicidándose, drogándose, emborrachándose, lo que es muy bueno, ya lo creo, pero resulta que esto es una cosa horrible y este país, tranquilo, tranquilo, no hace nada por la poesía, por la cultura ni por nada. Éste es un país que se enjuaga la boca con la cultura. Todos los sujetos hablan "yo, que estoy con la cultura". Qué cultura. Los poetas están muertos de hambre, como están todos los trabajadores de este país, muertos de hambre.



El ñau ñau de la poesía

Yo no me voy a remitir a lo que dijo Fulano, Zutano o Perengano sobre el ñau ñau de la poesía. La poesía es algo que le pertenece al hombre y mientras el hombre exista va a escribir poesía, caramba.





Tiempo del asco

Hubo poetas que estuvieron por crear su poesía en su casa, por decir algo, y otros poetas, como la que habla, que dijeron acción, acción. Hubo allí una actitud de persona frente a la vida. Yo me dediqué durante muchísimo tiempo a hacer de bombero loco, y dejé de mano todo lo que era creación. Porque tú no podías estar escribiendo poesía y estar también sacándoles los piojos a los niños en las poblaciones o curando llagas o balas perdidas. Y llegó un momento, en el tiempo del asco, en que tú ya no eras poeta, eras un ser actuante (...) Y resulta que si tú no estabas allí donde las papas quemaban, verdaderamente tú no eras un ser humano. Yo lo sentía así, y lo sigo sintiendo. 3 


Stella junto a Jorge Teillier. Archivo familiar de la autora.  


Y tú eras más bien una mujer entre hombres ¿o no?


Sí, sí. Había muy pocas mujeres.


Y mujeres creadoras de ese tiempo, mayores claro que tú, como la Bombal o María Carolina Geel tuvieron vidas bastante trágicas. ¿Por qué crees tú Stella que sería así?


Porque eran mujeres que se saltaron todos los cánones y las dos se parecen bastante en la vida personal. Yo me agarro a combos pero ellas se agarraban a disparos. Con muertos y heridos. La María Carolina Geel fue una mujer talentosa, estudiosa, un lujo. Pero eran mujeres muy solas, escribían en la soledad más espantosa y eran dramáticas y eran histéricas y fracasadas en los amores.


¿Y qué hace falta para ser poeta?


No hace falta nada, uno es no más.


¿Cómo está tu ánimo para escribir?


Estoy pasando por un tiempo de un cierto desgano.




Es que no faltan cosas de las que reponerse…


Mira. Yo creo que todavía no me repongo del cataclismo que fue el golpe militar. Es una cosa ridícula, ridícula. Porque yo creía, yo creía a pie juntillas y una no ha estado nunca en palco sino que siempre metida en el ojo del huracán.





Aparte de lo general y de lo que sabemos, ¿te pasó a ti algo en particular?


Pero si a mí me tiraron una camioneta encima y me dejaron como osobuco para cazuela. ¿Por qué crees que tengo este dolor perpetuo en las rodillas? Estuve un año y medio enyesada hasta la cintura. Aprendí a andar de nuevo.


¿Y cuándo te tiraron la camioneta encima?


En marzo del 74. Esa camioneta estuvo quince días con un sapo adentro esperándome. Como yo no me atrevía a salir me pasó a buscar una amiga para llevarme a su casa y nos atropellaron a las dos (...) Y yo no estaba en la posta. Estaba en la morgue.


¿En la morgue?


En la morgue, abajo, porque ahí me dejaron, con los muertos, sí. Y habían para el mundo. Me haces acordarme de eso y te juro que se me pone la piel de gallina. Y la madre de la Ester Matte habló con no sé qué fulana y le dijo: “Voy a la posta a buscar a la amiga de mi hija que fue atropellada anoche”. Y yo, cuando desperté, me encontré con la cara hecha papa, drogada, ciega, con un tec cerrado y sin dientes.


Sobreviviste...


No sé si soy de acrílico o extragaláctica.




Por suerte todo eso ya pasó.


Sí: espérate a ver si pasó. ¿Y las secuelas? Y las secuelas. Porque además de los horrores están las secuelas. Yo lo siento tanto por esta generación perdida que dice que no está ni ahí y es cierto que no están ni ahí porque este país se ha enlumpecido: para que la gente de las poblaciones que era gente dispuesta a dar la vida por ideales, se haya colocado lavinezca ...






Te resulta chocante…


Es que está todo lleno de desmentidos. Está bien la caída del muro, pero resulta que ahora viene el mismísimo Papa a decir que no existe el infierno ni el paraíso. Pero qué les pasa, por favor. No existe el marxismo, no existe Satán ni existe Dios, ni existe nada. Entonces vamos pecando. Y la gente está agarrando papa, oye. Los jóvenes viven en la realidad virtual, en la virtualidad, en una espantosa inmediatez y no tienen sueños …


Me contaste que para el Año Nuevo habías escrito un poema que tenía que ver con el color blanco.

Sí, con el blanco profundo. Porque para mí la muerte no es negra ni tampoco la oscuridad. Para mí la oscuridad verdadera es el ojo blanco del ciego. La muerte también es blanca como el ojo de los ciegos. El horror que le tengo al blanco me viene, creo yo, de cuando leí Las aventuras de Arthur Gordon Pymm... Es un pánico y te lo digo verdaderamente. La nieve a mí me hace daño síquicamente. Y yo creo que hay una razón prenatal. Algo debe haber pasado porque cómo es posible que yo desde tan niña... porque yo tengo una memoria muy, muy...


Excepcional, lo que es un tremendo privilegio...

Pero también es una memoria dirigida y opcional porque yo pude haber optado por no tener memoria que es mucho más cómodo y mucho más fácil, pero que también es espantoso. Yo lo sé y creo que de lo único que no he sufrido es de falta de memoria. Y ése es el costo que tienes que pagar: el costo de la memoria. 4



Gentileza Archivo familiar de la autora. 


Rumbo a la sociedad de escritores, donde se realizó tu sepelio, me veo veinte años atrás hipando por la noche turbia de la dictadura, más joven por cierto, caminando a la misma casa, cerca de plaza Italia, y giran en mi cabeza remolinos agitados de ese tiempo donde tú eras la reina de la noche ochentera. La abuela punky, la musa etílica sobreviviente de tantas vidas gatunas que pasamos, y tantas otras que sombrearon los amargos años de la represión, me contaban que el 11 de septiembre del 73 te vieron con el puño en alto a mitad de la Alameda gritando consignas rabiosas. Los milicos pasaban a tu lado como si no te vieran, como si les resultara imposible que una mujer enorme colorina y bella se atreviera a tanto. En esos momentos, al filo del toque de queda, la poeta marchaba sola desafiando al golpismo. 5








Referencias


1. Conversando con Stella Díaz Varín. Entrevista de José Miguel Varas. Publicación original: Revista Rocinante 1999.  Reeditada en Revista Caballo de Fuego 2007.

2. Stella Díaz Varín: a trancas y barrancas. Entrevista de Esteban Navarro. Publicación original: Simpson 7/ Sociedad de Escritores de Chile. Santiago 1991.

3. Fiel a sí misma [Fragmentos]. Entrevista de María Teresa Cárdenas. Publicación original: Entrevista realizada el 8 de junio de 1999. Reeditada en Revista de Libros de El Mercurio 2006.

4. Stella Díaz Varín. Entrevista de Claudia Donoso. Publicación original: Revista Paula, Santiago. 

5.  Adiós Stella, ñau ñau poeta. Por Pedro Lemebel en Ojo de loca no se equivoca. Publicación original: Diario La Nación Semana del 10 al 16 de diciembre de 2006. Santiago 2006. 



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