Arianna de Sousa-García: “Porque soy terca, escribo”
Por Juana Balcázar - 2026
Fotografía:
Sofía YanjaríHay nacimientos que, aunque difíciles, son bendecidos por el agua del mar, que forma los pies de niños y niñas que caminan por la arena del Caribe. Arianna de Sousa-García fue recibida por dos grandes pinzas metálicas que asistieron el parto prematuro de su madre, en Puerto La Cruz, Venezuela, en el proceso sus nervios oculares se reventaron; vino con los pies torcidos, como si por predestinación su vida fuera el tropiezo y el volver a comenzar. De ahí su terquedad, una que sostiene su escritura y donde la periodista plasmó el exilio en Atrás queda la tierra. En esta conversación con Revista Larus, habla sobre la costa que la llama intensamente, un Iquique que la recibe con brazos firmes y un futuro que espera lista.

En una entrevista para Diario UChile (2024), mencionas: “Tengo recuerdos desde muy pequeña escribiendo en mi libreta de periodista y siempre quise hacer eso”. ¿Qué recuerdas de esa etapa y de ese impulso inicial por escribir?
“Me recuerdo de niña disfrutando del calor que invade el cuerpo cuando la escritura finalmente se enciende. Recuerdo entrevistar a mucha gente, me impactaba lo distintas que eran todas las personas, el mundo que se abría cuando se daba una conversación, las cosas horribles que se entrelazan con lo cotidiano. Siempre he sido una persona que enmudece ante la violencia, pero desde muy temprano me di cuenta de que ese silencio ante el golpe, adentro se transformaba en algo tan o más potente que el golpe mismo, que todo lo afilada, atrevida, inteligente que yo quería ser, lo podía ser por escrito”.
Una carta de largo aliento
Publicado en 2024, Atrás queda la tierra es un libro que une testimonios que una madre busca contar a su hijo, un niño que migró de Venezuela, que pasó por diferentes ciudades hasta llegar a Chile y que no se siente parte de ningún lugar. Mientras su mundo se derrumba, la narradora conecta una serie de memorias, palabras e imágenes para escribir una novela sobre el dolor que provocan el despojo y la violencia, abordando la situación migratoria y la historia de millones de venezolanos tras el exilio.
Has definido tu novela como una “gran carta para el futuro” y como una crónica inscrita dentro del periodismo narrativo. ¿Cómo crees que la voz del exilio venezolano se inscribe en la historia latinoamericana, tanto en sus continuidades como en sus tensiones actuales?
“Creo que solo el tiempo demarca cómo se inscriben las cosas y, en ese sentido, es muy pronto para saber cómo se va a inscribir la voz de la diáspora venezolana en la historia de Latinoamérica. Ojalá en algún momento se nos escuche como lo que somos: 8 millones de personas que tuvieron que abandonar forzosamente su país. Ojalá se tomara nuestro testimonio como una escuela, que sirviera para construir una izquierda más limpia y menos posera. Una que nos lleve al sueño que siempre hemos tenido: que todos vivan con dignidad”.
Arianna define Atrás queda la tierra como muchas cosas a la vez, entre ellas una carta de largo aliento para el futuro, donde confluyen la denuncia, lo testimonial y un lamento grande y hondo, que toma forma de conversación diferida donde hay mucho de crónica, porque además es el repositorio de sus últimas investigaciones en Venezuela. Pero, a la vez, una despedida del periodismo, una manera de “pedir perdón” por irse y de hacer algo desde su lugar, un reencuentro con la poesía y un tributo a la literatura venezolana.
En algunas entrevistas te has descrito como una persona terca. ¿Cómo dialoga ese rasgo de tu personalidad con tu forma de escribir?
“Porque soy terca, escribo. Todo Atrás queda la tierra se desarrolló en terquedad. Es un libro escrito en el sótano donde vivía, en casa de mis amigas y en el departamento de quien hoy es mi pareja. Fue escrito entre la culpa y la responsabilidad de haberme venido, de sostener una vida, de protegerla y proyectarla hacia lo mejor que podía ser, de trabajar hasta el cansancio, de hacer todo esto junto a mi hijo porque las guarderías nunca fueron una opción para mí. Entre todo ese cansancio estaba la pulsión del libro, que siempre me dio la energía necesaria para escribirlo. En mi caso, sin terquedad no hay creación”.
Un régimen que se cierne sobre el lenguaje
“Es el lenguaje el inicio de todas las cosas”, afirmó De Sousa-García, citando un poema de Restitución de la lengua, del poeta venezolano Miguel Hernández Zambrano; en él, un verso que hace sentido en esta conversación: “Y el magma era un lenguaje que no alcanzamos a imaginar”. Y es que el régimen se encarnó también en el habla cotidiana, en una “manipulación lingüística” que arrasó también la comprensión del mundo que Arianna vivía, sosteniendo que “los murales de mi escuela pasaron de decir: ‘Un ser sin estudios es un ser incompleto’ (Simón Bolívar) a ‘Patria o muerte, venceremos’ (Chávez), ese fue uno de los momentos más desconcertantes de mi niñez”.
Arianna recordó otro hecho: cuando estudiaba periodismo y una de sus profesoras, Maritza Rodríguez, proyectó la película NO, dirigida por Pablo Larraín. Ahí se asombró ante el papel que pueden tener las palabras en las grandes luchas y al darse cuenta de que, como futuros periodistas, tenían ese rol. Al revisitar ese hecho, estableció que Chile siempre tuvo algo que ver con su historia personal.
Al leer tu biografía y tu novela, pensé en el caso de Isabel Allende: exiliada chilena en Venezuela, donde comenzó La casa de los espíritus, una obra que también dialoga con la historia del país y que comenzó como una carta para su abuelo. Pensando en ese cruce de memorias, ¿crees que existe una conciencia sobre el lugar que tuvo Venezuela como país de acogida durante el exilio chileno?
“Lamentablemente, no hay manera de explicar totalmente el exilio. Después de vivir en este país por una década, creo que esa conciencia existe solo en quienes se exiliaron allá y en sus familias. Leí a Isabel Allende recién cuando estuve embarazada; aún no sabía que un año después yo misma sería vigilada por las fuerzas de seguridad del Estado, ni que me exiliaría en su país. Deseo que la literatura hecha por venezolanos en Chile pueda, algún día y de alguna manera, contribuir a la formación de una conciencia colectiva sobre nuestra relación histórica”.
En 2016 recibiste el Premio Jesús Márquez por una investigación sobre la cadena de control alimentario en Venezuela. A partir de esa experiencia, ¿cómo entiendes hoy el lugar del periodismo de investigación frente al poder y sus mecanismos de control?
“El periodismo libre e independiente es fundamental para las sociedades. Sin periodismo no hay denuncia social ni contraloría; sin denuncia social no hay justicia que venga; sin justicia no hay democracia posible; sin democracia no puede existir paz alguna. Es importante recordar esto siempre y sumamente vital decirlo en los tiempos en que vivimos”.
La migración deseada hacia el desierto
Hoy, establecida en la ciudad de Iquique, la escritora declaró estar enternecida con la idea de vivir nuevamente en la costa, un profundo agradecimiento que tiene que ver con el sol, el mar, el pescado, los mariscos y, por sobre todas las cosas, una ciudad que, afirmó, ha sido abierta y bondadosa con ella. Tierra donde hoy hace talleres literarios y donde también trabaja como docente en la Universidad Arturo Prat: “Aquí me necesitan de la misma manera en que yo les necesitaba, me enternece esa correspondencia. No sé qué viene, pero estoy lista”.
En entrevista para El País (2025) dices que “migrar es alejarse de uno mismo, pero del uno mismo que uno era allá”. Pensando en tu desplazamiento dentro de Chile, hacia Iquique y el desierto, ¿cómo ha sido migrar nuevamente, ahora dentro del país, y en qué ha cambiado tu forma de verte a ti misma?
“A esta segunda migración me refiero como ‘la migración deseada’. Me vine queriendo hacerlo, ilusionada de venir. Aquí me di cuenta de que muchas de las veces que dije Chile quería decir Santiago. Estar aquí me ha permitido iniciar algo parecido a una reconciliación entre este país y yo. Aquí, entre la gente y el clima, me vuelvo a ver cómoda y veo mutar mi escritura a una cuya forma aún no sabría describir; eso ha sido una sorpresa y un regalo”.
