Un poeta haitiano en el desierto: dos poemas de Olgens Cenejuste
Traducción por Ricardo Olave Montecinos - 2026
Fotografía: Ricardo Olave El último lunes de junio vi caminar, como uno más entre la multitud, a Olgens Cenejuste (Gonaïves, Haití, 2002). No sabía entonces que aquel joven poeta de 22 años era conocido como Lenini, ni que dentro de él habitaba un imaginario nacido en la fragilidad de una isla que grita hacia el Atlántico las injusticias del colonialismo.
“Un llamado de la vida: frágil, sensible, pero profundamente real”, me confesaría semanas después, cuando quise entender cómo la poesía irrumpió en su destino. Es un hombre de estatura mediana, de una negrura admirable, con una mirada serena que parece ocultar algo, aunque su sonrisa fácil lo desmiente cuando la alegría escasea alrededor.
Durante el Festival Poesías do Mundo —que reúne en Loulé, Portugal, a poetas de diferentes rincones del planeta leyendo en sus lenguas maternas—, Olgens o Lenini aprendió apenas unas palabras en español, pero supo cautivar a todos con ellas. Compartimos largas conversaciones entre su creole, su francés, un poco de inglés y mi torpe francés fatigado. Sin embargo, la comunicación no dependía de la gramática: circulaba por otras esferas. “En cuanto a la lengua —me dijo—, diría que la poesía no es ante todo escritura, sino el lenguaje de lo universal. Y dentro de ese universo, todas las lenguas encuentran su voz”.
Todo aquel que lo conoció se llevó una parte de él. Quiero creer que es un Rimbaud negro, un representante de lo que no todos pueden decir. No ha publicado un libro todavía, pero sus versos ya han sido premiados en certámenes de Francia e Italia.
Me pregunto qué hace un príncipe haitiano errante en el desierto, estudiando ciencia política en Marruecos, viajando con la ayuda de la embajada de su país para difundir la cultura de una isla: la primera en rebelarse contra la colonia, la que carga una tristeza conocida por el mundo, y que aun así germina semillas de esperanza. Desde lejos, Olgens convierte a Haití en un sentimiento. “Un sentimiento profundo que llevo conmigo, que cuido, que intento alimentar y promover constantemente. Ese sentimiento se ha convertido en el vínculo más fuerte con mi historia, con mi origen, e incluso con mis heridas”, asegura.
¿Cómo alguien que conoce la pobreza logra escribir con tanta sencillez y, al mismo tiempo, con una emoción desbordante? Sus palabras cargadas de belleza parecen haber nacido de los pies gastados en la calle, donde se respira sensibilidad y honestidad. “Cuando se escribe así, la técnica pasa a segundo plano”, me dijo el poeta temuquense Ricardo Herrera, al leer sus versos traducidos al castellano.
En la conversación con Olgens regresamos a ese espacio donde la verdad se roza con el mundo y surge el poema.
“En el fondo, escribo para dejar una huella. Para inscribirme en una memoria, en una forma de lenguaje universal. Para no desaparecer sin haber transmitido algo de mí”, sentencia.
En su luminosa juventud, Olgens Cenejuste camina con la certeza de un ciego. Avanza a pasos firmes, en este largo y misterioso camino de la poesía que ha elegido.
Poemas
“No tengo nombre…”*
No tengo nombre
Llámame por mi corazón que sangra
Crecí en la vacilación de las sociedades
Vendí a la mitad mi inocencia
Para alimentar las lunas del mañana
No tengo fecha de nacimiento
Solo tengo fecha de sufrimiento
Que tiende a estallar cada año
En el eco de mi espíritu
¿Qué sentido tiene existir en el ruido
para morir en el silencio?
¿Qué sentido tiene cantar un rezo
cuando el cielo está herido?
No tengo biografía
Tengo la filosofía
De una poesía perdida en escondites
De una poesía sin tradición
Gratuita por la simplicidad del misterio
“Entre el poema y el mundo…”
Entre el poema y el mundo
Está tu mirada,
Entre tu mirada y el mundo
Está la esperanza,
Entre el poema y tu mirada,
Está la verdad,
Entre la esperanza y la verdad
Está tu sonrisa,
Entre la verdad y tu sonrisa
Está la belleza,
Entre la belleza y la verdad
Está el infinito,
Entre el infinito y la belleza
está el misterio,
Entre misterio e infinito
Ahí estoy yo
Entre mí y el infinito
Está el mundo.
Entre la verdad y el mundo
Está el poema,
Y entre el poema y el poema
Está un pájaro invisible que que juega sobre sus alas
El espíritu
Para bien acaricia el viento
*Ambos poemas están sin titular por el autor en su idioma original. El traductor optó por titular las versiones traducidas con el verso inicial.
