Gabriel Ocaranza Rojas: “Hacer una publicación en zonas de sacrificio donde solo importan las lógicas neoliberales es revolucionario”.
Por Juana Balcázar - 2026

El taller de escritura local El Chañar es una instancia formativa que mueve los cercos del centralismo, generando un espacio en la ciudad de Copiapó que lleva más de tres años. Guiado por Gabriel Ocaranza Rojas, en esta entrevista para Revista Larus el escritor y profesor nos contó de sus inicios, los procesos y encuentros que genera el taller y los proyectos a futuro.
Iniciado el 2022, este taller fue el resultado de las propias experiencias de Ocaranza viviendo casi una década entre Viña del Mar y Valparaíso, sobre esto comentó que “Al volver a mi ciudad natal comprobé nuevamente el motivo por el cual me retiré de Copiapó hacia otra región: la escasez de espacios en torno a la literatura”.
Es en la Región de Valparaíso donde tuvo una formación en lugares que fueron punto de partida para su escritura y la de tantas personas: La Sebastiana, CENTEX, Balmaceda Arte Joven, entre otras. Algo que en la zona central es norma, en regiones, confesó, es desconocido. Desde esa reflexión, Gabriel empezó con el propósito de reencontrarse con su ciudad por medio de la literatura y así buscar personas con quienes “hablar un mismo lenguaje”. Es este el espíritu que hasta hoy perdura en el taller, generar un punto de encuentro que además se mueve por distintos lugares de la ciudad, realizando sus versiones en diferentes centros culturales de la capital regional de Atacama, así como también en bares y plazas.
El taller publica sus trabajos a través de Chañar Ediciones. ¿Cómo describirías el proceso de pasar de un taller a un objeto libro?
“Es una demencia, porque hay dos tipos de escritores y escritoras a mi juicio: quienes escriben y quienes publican. De camino entre estas dos veredas está el rol de corrector de textos y editor. A veces se siente la ansiedad por publicar, pero trato de apaciguar esas aguas con la paciencia del docente que soy: no hay prisa por publicar, escribe primero le digo a los muchachos y muchachas”.
¿Cuál es su enfoque editorial?
“Publicamos poesía y crónica. Son dos ejes que se enseñan en el taller. Nuestro enfoque principal es publicar a los y las talleristas quienes en Copiapó escasamente tienen la posibilidad de participar de un proceso editorial que implique el respeto hacia la escritura de otro u otra, así como valorar la crítica que se pueda hacer frente a esas escrituras”.

Frente a esto el territorio es determinante. Según Gabriel el hecho de que este espacio de producción literaria se desarrolle en una zona de sacrificio donde prima la gran minería le da un valor de resistencia y persistencia. Ya que “hacer una publicación en zonas de sacrificio donde solo importan las lógicas neoliberales es revolucionario”.
¿Qué papel juega la ciudad de Copiapó y la Región de Atacama en la identidad del taller y en los textos que surgen de él?
“Es el punto de partida, pues tiene un enfoque abierto y marcadamente territorial, ya que se sitúa como punto de partida las escrituras del siglo XIX (Jotabeche, Orrego, entre otros) para pensar cómo hace dos siglos atrás ya existía una literatura local que se va renovando época a época. En este sentido, hay un principio en el taller que es la observación”.
La realidad del centralismo, escribir desde el norte de Chile
Escribir lejos del centro tiene desafíos importantes, también algunas ventajas, y son esas dos miradas las que navega tanto Gabriel Ocaranza como las personas que componen el Taller El Chañar. Por una parte el profesor estableció que “hay una mirada que es preciosa, llena de vida (aunque sea costumbre representar lo árido con la muerte) pero también ocurre algo terrible, como la sequía del río Copiapó, que a nadie parece importarle en tantos años. Es una cuota de azar y otra de trabajo serio”.
Pero es fuera de todo regionalismo donde crear poesía se vuelve imprescindible, ya que confiesa que “crear poesía desde Copiapó no es muy distinto que escribir en otro lugar, pero parece ser que las arenas del desierto todo lo cubren. Por eso es de vital importancia, tanto como cuidar el agua, darle espacio a otras voces, a otras manos, y allí es donde tengo más filiación con quienes escriben desde Chuquicamata, San Felipe, Chillán o Tirúa porque tenemos las mismas esperanzas y derrotas culturales”.
El taller de escritura El Chañar abrió una veta que se ha hecho espacio en el desierto, un semillero donde hoy confluyen múltiples proyectos que nacen de los propios asistentes a esta instancia. Algunas personas que han pasado por ahí han empezado a crear sus propias editoriales y publicaciones, “con intuición, con amor por la literatura, con ganas de escribir y ser leídos”, estableció Gabriel.
Mirando hacia adelante, ¿cuáles son los próximos desafíos o sueños para El Chañar y para Chañar Ediciones?
“Este 2026 es la quinta versión del taller y sus postulaciones comenzarán en febrero. Queremos estimular la producción literaria local y ya está como idea realizar un concurso literario, sacar más publicaciones, realizar lecturas en más lugares fuera de la institucionalidad, acercarnos a las poblaciones, a las juntas de vecinos y vecinas, a las escuelas… con el espíritu del caminante, nunca con ganas de apropiarnos de lo que no nos pertenece, solo enseñar en palabras de la profesora Gabriela Mistral, con la actitud, con el gesto y con la palabra”.

