Retrato de violencia
Por Victor Schneidewind - 2026

La imagen como narradora de Alfonsina Storni nos es vaga. La potencia de su obra lírica usualmente es suficiente para entrar en su mundo. Oso de Agua editó el volumen Tres cuentos que antologa Don Paulo, El primer huevo y Cuca en seis episodios, publicados por Storni entre 1920 y 1926.
En estos cuentos encontramos un rostro violento y agresivo: la dominancia del padre sobre el hijo y la incapacidad de un hombre que observa; la presencia del pasado en una mujer que no se atreve a matar; la revelación de la verdad a una mujer enamorada. Estas narraciones nos recuerdan que la violencia tiene dinámicas según cómo se nos presenta cuando la leemos y pensamos.

Una revisión en tres momentos
I
En “Don Paulo” (1925) el fin de un padre es, sin presentar más que el motivo y el castigo, dar una lección mediante el dolor. ¿A qué apunta la lección que le busca dar al hijo?, ¿qué enseña la violencia directa? ¿Debemos aceptar, como espectadores, el castigo de un delito del cual somos víctimas aún si nos parece excesivo?, ¿es la violencia una lección para la víctima o para quien observa el castigo?
Cuando la violencia no está oculta y se convierte en la primera piel de la lectura, hay que considerar que nos enfrentamos a ella igual que el vecino del cuento, debiendo mirar sin oportunidad de irnos.
Al igual que en nuestra experiencia del mundo natural, la violencia impacta a quien la ejecuta, a quien la recibe y a quien la observa. Un punto clave de reflexión gira en torno a la cuestión de saber si la violencia es un medio justo o injusto, y si posee una índole moral. Atendiendo a esto encontramos casos de violencia justificada como medio para un fin mayor. Este fin mayor, telos o bonum summun evidencia una antítesis: ¿cuáles son estos “fines buenos” o “fines supremos” que justifican el mal y el dolor?
II
¿Solo vemos la violencia en el tiempo presente?
“El primer huevo” (1920) trata sobre la posible e inminente muerte de una gallina para el festín familiar. Sin embargo, la violencia que en un principio fue potencial y cierta, no llega a concretarse. En su lugar, se nos sugiere la violencia a través del dolor por la imagen del hijo que ya no está. Un dolor y violencia que pertenecen a un momento anterior, que está más allá en el pasado.
No necesitamos conocer la dimensión absoluta de los hechos, pues en su reacción —un dolor puro— se evidencia la fuerza de lo ocurrido.
En el final, doña Ana se aleja en silencio y solitario durante la celebración, hasta donde está el ave, para contemplar a la luz de la luna el huevo que había puesto. Luego, vuelve a la fiesta, adonde quienes leemos también nos retiramos. Los acontecimientos pretéritos impactan en el presente. Nos frenan. La violencia queda adherida a una dimensión subconsciente, operando en nuestra realidad de forma inesperada.
III
La obra mayor de Tres cuentos, “Cuca en seis episodios” (1926), dosifica la violencia para un momento clave de la narración, de forma elegante y sin derramarla. Nos permite no esperarla. Esta violencia corresponde al apocalipsis de la narradora, la mujer tiene oportunidad de ver con sus propios ojos la caída de aquello que sintió sagrado: lo sagrado en realidad era mundano, una otredad manufacturada, de fábrica, otredad de la época de su reproductibilidad técnica.
Al igual que la diferencia entre el actor teatral y el actor de cine, se nos presenta la concreción —en este caso de la otredad— mediante un mecanismo. La necesidad de lo técnico, tan clara hoy en día. Lamentablemente para cierto tipo de observador, la otredad únicamente puede permitirse a través de una máquina, una otredad virtual.
Lo violento es llamativo. Y en su brillo puede enceguecer nuestra mirada.

Excurso
Doña Ana mira el huevo al final del relato. El vecino mira como le pegan al muchacho. La narradora mira a Cuca durante el relato y durante el desenlace. Tú y yo miramos las letras con las que estas historias se cuentan. Observamos. A veces solamente observamos la violencia.
Luego pensamos.
Esto último es lo indispensable.
Victor Schneidewind (Chiguayante, región del Biobío,
1991)
Poeta. Actualmente reside en Santiago. Es profesor de Español, titulado en la Universidad de Concepción, donde también cursó estudios de posgrado en Literatura Hispánica. Sus campos de interés son la filosofía, el ensayo y literatura chilena.
